Nacimos precisamente en ese periodo de cambio. Por eso, la transformación digital no es solo un fenómeno que hemos observado; forma parte de nuestro ADN.
En 2006, los tribunales y los profesionales del ámbito jurídico todavía convivían con una realidad fuertemente basada en el papel. Los escritos procesales se presentaban con frecuencia de forma presencial, los archivos ocupaban salas enteras, el fax constituía una herramienta indispensable de comunicación y la consulta de expedientes requería desplazamientos físicos a los tribunales.
Fue también en esa época cuando comenzaron a consolidarse las bases del expediente judicial electrónico a través de la plataforma Citius, inaugurando una nueva era en la tramitación procesal. A lo largo de los años, hemos sido testigos de la progresiva desmaterialización de los procedimientos, de la sustitución del fax por el correo electrónico, de la generalización de la firma digital, del acceso remoto a los expedientes y de la práctica de actos procesales íntegramente por vía electrónica.
Mientras la Justicia evolucionaba, nuestro despacho también crecía. Crecimos en un entorno ya marcado por la tecnología, adoptando desde el principio herramientas digitales, procesos desmaterializados y modelos de trabajo orientados a la eficiencia, la cercanía y la innovación, con la posibilidad de ofrecer informes claros a Clientes y Socios Internacionales.
Esta visión estuvo igualmente acompañada por una vocación internacional. En un mundo cada vez más interconectado, comprendimos desde el inicio que la abogacía moderna exige la capacidad de superar fronteras, acompañar a clientes en distintas jurisdicciones y responder a los desafíos de una economía globalizada desde hace décadas. La digitalización permitió acercar personas, empresas y mercados con seguridad jurídica; nosotros procuramos transformar esa proximidad en valor para nuestros Clientes.
Al celebrar dos décadas de trayectoria, tenemos el privilegio de haber sido testigos activos de una de las mayores transformaciones de la Justicia portuguesa. Hemos asistido al paso del papel al formato digital, del fax a la comunicación instantánea, de la consulta presencial al acceso remoto, de los desplazamientos a las oficinas de correos en los aeropuertos hasta la medianoche para enviar escritos dentro de plazo, cuando el tiempo era escaso o la estrategia así lo exigía, de la burocracia física a la tramitación electrónica y la firma digital.
Más que acompañar esta evolución, la convertimos en nuestra identidad.
Hoy seguimos observando la innovación con el mismo entusiasmo y convicción de hace veinte años: la tecnología no sustituye el conocimiento jurídico ni la experiencia, sino que potencia su eficacia, acerca a las personas y permite prestar un servicio más ágil, más transparente y mejor adaptado a las exigencias del presente y del futuro.
Porque crecimos junto con la transformación digital de la Justicia.
Y porque creemos que la abogacía del futuro seguirá construyéndose cada día a través del pensamiento humano, enriquecido por la sabiduría, la cercanía y la autenticidad de las experiencias de nuestro equipo “Cool & Legal”.